EL XIX. LA PRIMERA REPÚBLICA ESPAÑOLA. LA FEDERAL.

  Si no había prisa, parecen disimularlo muy bien los parlamentarios, pues nada más leerse en las Cortes los escritos de abdicación de Amadeo de  Saboya y contestación de las Cortes aquel 11 de febrero de 1873, se oyen en alta voz palabras de urgencia: “A votar, a votar”. Nunca, en España, en tan poco tiempo, iban a pasar tantas cosas.

   Y se vota. Con 258 votos a favor y 32 en contra España cambia de régimen. Casi con la misma rapidez, se cesan ministros, se nombran otros y comienzan los problemas, porque apenas unos días después la primera conspiración está en marcha. Miembros del partido radical, antes valedores de Amadeo, ahora tratan de encumbrar al general Serrano en la presidencia de la República. Puede que entre otras, la pésima situación de las finanzas públicas, la indisciplina en el ejército, la inseguridad con que los conservadores ricos ven amenazados sus bienes ante el ambiente revolucionario que se palpa, sea causa de tal maquinación. El momento es propicio. Acaba de nacer un nuevo Régimen, acaba de ser nombrado un gobierno; todo es tan reciente, todo da tal sensación de interinidad que parece el momento apropiado. Ha sido nombrado jefe del poder ejecutivo don Estanislao Figueras, hombre de prestigio, pero es ministro de la Gobernación don Francisco Pi y Margall. Dueño de la cartera ministerial desde hace apenas doce días ya ha tenido don Francisco en tan corto espacio de tiempo que disolver las juntas revolucionarias y reponer los ayuntamientos, tratando de mantener un cierto orden, cuando enterado del caso Pi, todo un carácter, desde su despacho en la Puerta del Sol, invadido por la Guardia Civil, se presenta en la Cortes, irrumpe en el despacho de su presidente, Cristino Martos y se desahoga amenazante:
  ─Traidor, quieres poner a Serrano al mando, quieres que tus radicales sigan defendiendo privilegios, y mandas a la guardia civil a la Puerta del Sol.
   Martos, amedrentado, trata de justificarse balbuceante.
   ─Córdoba, el general Córdoba es el culpable. Él es quien ha enviado los guardias a Sol, quien está detrás de todo. Yo no, yo no…

   De poco sirven a Martos las excusas(1). Pi y Margall impone nuevos cambios en el gobierno, que será, y así se le conocerá, el gabinete homogéneo, formado sólo por republicanos. Cristino Martos no tiene más remedio que aceptar y además, pasar la vergüenza de tener que disculparse ante el general Córdoba, al enterarse éste de las acusaciones que le hizo y desmentir a Martos.

   La naciente República tiene prisa en actuar. Varios proyectos fracasados durante la monarquía saboyana son aprobados: queda abolida la esclavitud en Puerto Rico y, muy inoportunamente, con una guerra en Cuba y otra contra los carlistas en España, suprimidas las quintas y formada una reserva de batallones de “Voluntarios de la República”; pero los problemas del nuevo régimen, sin embargo, no han hecho más que comenzar. Por lo pronto, en marzo, se producen disturbios en Cataluña, primer episodio de la furia cantonalista que se avecina. A Barcelona acude el presidente Figueras. Pi y Margall, permanece en Madrid. Es federalista, pero también ministro de la República, y, como esto último, su compromiso no esta por seguir los pasos dados en Cataluña. Piensa que son  las Cortes las que han implantado la República y deben ser las Cortes las que decidan si aquélla debe ser federal o no.

Firma de don Francisco Pi y Margall. Fotografía tomada del libro
España histórica de Antonio Cárcer Montalbán. Ediciones Hymsa. 1934

   Sin que los sucesos de marzo estén resueltos, a primeros de abril, se multiplican los problemas. Se oyen rumores: que si Serrano pretende ser presidente, que si el pretendiente don Carlos se apoya en aquél, que si Alfonso, en el exilio como su madre Isabel desde hace cinco años,  puede volver, que si los federalistas van a dividir España en cantones. En los días siguientes las cosas siguen igual o peor. Se han creado los Batallones de Voluntarios de la Libertad. Su intención es tomar Madrid. Los generales Serrano, Topete, los dos principales generales, aún vivos, impulsores de la revolución de 1868, y Caballero de Rodas, están dispuestos a asumir el poder si los batallones logran su objetivo. Estos batallones van tomando algunas zonas de Madrid. Están formados por gentes variopintas que, agrupadas por sus afinidades, ha servido para que se les conozca por nombres referidos a su condición. El batallón que toma la Plaza Mayor es conocido como el Escuadrón del Agua de Colonia, que tal es la finura de sus miembros, patrocinados por el marqués de Bogaraya; en Antón Martín sienta sus reales el escuadrón del Aguarrás y en las Vistillas el del Aguardiente, del que es fácil suponer el porqué de su nombre. A éstos el gobierno republicano opone otros batallones, los de Voluntarios de la República, que junto al ejército se enfrentan a los insurrectos. En la plaza de toros y sus alrededores se hacen fuertes los golpistas, pero finalmente resultan neutralizados por las fuerzas del gobierno.

   Sin hacer caso a las peticiones de aplazamiento de las elecciones, el Gobierno, pese a los difíciles momentos vividos, decide mantener los comicios de mayo, afirmando que serán escrupulosos en mantener la limpieza de los mismos.

   En una circular remitida el 5 de mayo a todos los gobernadores civiles de España con motivo de los próximos comicios para la elección de Cortes Constituyentes decía Pi: "No tiene el ministro por el mejor de los gobernadores el que procure el triunfo a más candidatos adictos a su causa, sino al que sepa conservarse más neutral en medio de la contienda de todos los partidos. El que más respete la ley, el que mejor garantice el derecho  de todos los candidatos y la libertad de todos los electores, ese será el se muestre más merecedor de gobernar una provincia. No ha venido la República para perpetuar abusos, sino para corregirlos y extirparlos".

   Prueba de la sinceridad con la que se expresó Pî en las instrucciones impartidas queda patente cuando el gobernador de Huelva, Antonio Sánchez Pérez, le sugirió eludir sus recomendaciones para que Oreyro, ministro de Marina, obtuviese el acta de diputado. Pi, tajante, curso a Sánchez telegrama. Decía éste: “Aténgase a lo mandado”.

   Personaje controvertido, fiel, contra toda marea, a sus ideas federalistas, en lo personal también da muestras de su carácter. La proverbial austeridad por la que es también conocido se comprueba cuando, durante su mandato como ministro, desaprobando costumbres arraigadas, pero a su juicio indebidas, cierto día de mucho trabajo debió don Francisco permanecer en el ministerio despachando diversos asuntos. Llegada la hora del almuerzo, llamó a un ujier y le pidió encargara que le trajeran un menú del café Levante. Parece que el subalterno, extrañado y confundido por la orden, ante tan insólita y modesta petición, se atrevió a decir al ministro que era costumbre que el ministro se sirviera de Lhardy(2), el famoso y caro restaurante madrileño; pero don Francisco, insistiendo, espetó al ujier:
    ─De Lhardy se servirá a quien pueda costeárselo. Yo soy pobre, así que haga el favor de encargar el menú del Levante que le he pedido.
    ─Así lo haré, excelencia, pero debo advertirle que para estos casos están los “fondos de material”.
   ─ ¡Ah, sí! Los “fondos de material…” Vaya, por favor, y encargue lo que le he pedido del café Levante, y luego busque al habilitado y haga el favor de decirle que venga.
    Así lo hizo el bedel y al poco comparecía ante don Francisco el habilitado. Yendo al grano el ministro le preguntó si los empleados que hacían horas extraordinarias por necesidades del servicio veían compensado su trabajo con cantidades extraordinarias proporcionales al tiempo dedicado.
  ─Sí, sí, claro, señor ministro. Se les pagan las horas extraordinarias como es costumbre ─contestó el habilitado.
    ─Y, dígame, ¿es costumbre también abonar las comidas que esos mismos empleados se hacen traer al ministerio desde los restaurantes próximos?
      ─Así es, señor ministro. Esa es la costumbre.
   ─Pues esa costumbre termina hoy. A partir de ahora la costumbre de comer a costa del Estado se ha terminado.

Lhardy. Inaugurado en 1839, su fachada en madera de
caoba traída de Cuba se conserva en su estado original

   A principios de junio se forman las Cortes Constituyentes. Una ridícula participación en las elecciones del 15 de mayo de apenas un cuarenta por ciento, ha dado con una abrumadora mayoría de republicanos federalistas, muy pocos radicales, poquísimos alfonsinos, conservadores y otros diputados sin clara afiliación; y un solo republicano unitario.

   No es de extrañar que con esos resultados, una vez constituidas las Cortes, en cuanto se propuso la forma que debía adoptar la República, ésta resultara votada favorablemente como de tipo federal, con sólo dos votos a favor de la República unitaria. El de Ríos Rosas fue uno de aquellos votos y cuando se le habló sobre el escaso apoyo que tenía la República unitaria con aquellos dos votos, contestó presto: “Bastan, con dos ruedas anda un carro”. 

   Muchas más ruedas tenían los federalistas para hacer rodar su proyecto, pero su distinto tamaño la haría descarrilar muy pronto.


(1) Martos y Pi y Margall, tras aquel incidente, nunca más volverán a saludarse. Casi quince años después, en un acto protocolario durante la formación de las Cortes de 1886, Martos tendió la mano a Pi, que le negó el saludo.

(2) Lardhy era el mejor restaurante de Madrid. Había sido inaugurado, a todo lujo, por Emilio Lardhy, en 1839, un suizo que en muy poco tiempo consiguió que su establecimiento fuera frecuentado por la corte y la alta sociedad madrileña.
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20 comentarios :

  1. "Bastan con dos ruedas anda un carro"pero quien lo empujaría.Razón tenía Benito Perez Galdos que esta situación era más de risa sino fuese porque lo que de verdad imperaba era la pena, de ver como se enfrentaban.Siempre el mísmo problema gobiernos corruptos,.paro,deuda exterior,miseria etc.

    Un abrazo DLT

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  2. Magnífica entrada y una buena ocasión perdida para que esta España nuestra hubiera emprendido el camino de la modernización y de las reformas que tanto necesitaba, pero esto es tierra de caciques, reventadores y reinos de Taifas. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.
    Un saludo.

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  3. De nuevo y como muchas otras veces, estoy con lo dicho por don Cayetano, y añado, que ya son dos veces las que hemos perdido el tren. Espero que algún día, mi hijo se suba en el tercer tren y ese, no descarrile.

    ¡Salud!

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  4. Es una delicia leer pasajes de la historia de esta manera. Los detalles de la austeridad de Pi, la cita de Rios Rosas, etc. hacen que lo que cuentas se fije en la memoria sin dificultad.
    El la próxima visita que haga a Madrid pasaré a ver la fachada del Lardhy.
    Un abrazo.

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  5. Qué maravilla de texto! Resulta tan delicioso como ilustrativo. No podría hacer usted más amenos y apasionantes esas complicadas jornadas.
    Ay, si hoy hubiera gente que se ocupara también de que no se comiera tanto a costa del Estado! Me ha encantado la anécdota.

    Feliz día

    Bisous

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  6. A Pi y Margall quizás se le puedan reprochar algunas cosas, pero nunca dejó de ser un "hombre integro". En sus memorias lamentaba haber pecado de legalista y no haber impuesto autoritariamente las medidas necesarias para consolidar la República. Castelar sí se otorgó poderes especiales... pero ya era demasiado tarde - no quiero adelantarme, jejeje
    Gran entrada, dlt. Abrazos

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  7. Tuvo esta 1era República, como la 2da, una vida muy ajetreada y llena de sobresaltos. Le honra a don Francisco el gesto de acabar con las comidas a cuenta del Estado (¿qué dirían sus señorías de hoy?). El federalismo, sin embargo, nunca ha sido una cosa bien vista por los más conservadores, lo que unido al cantonalismo y la presión carlista no harían sino forzar la Restauración alfonsina.

    Gran entrada.

    Un saludo

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  8. Gran labor la de Pi y Margall, sobre todo y en un principio, por su lealtad a su ideología y valores.
    "A partir de ahora la costumbre de comer a costa del Estado se ha acabado". A ver quién pronuncia esta sabia sentencia en el Congreso de los diputados después de la que se ha armado porque quieren "actualizar" los precios de su cafetería, copas y combinados incluidos, como a todos nos los han actualizado. Eso sí, ´sus señorías pueden tomar el café aún por menos de 1 euro. No solo se puede comer a costa del Estado... también beber.

    Extraordinario recorrido el que has hecho por parte de esa 2ª mitad de nuestro siglo XIX.
    Un abrazo, Dlt.

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  9. Estás hecho todo un historiador:-) Lardhy, está muy cerca de las Cortes. Hace años alguna en mi época juvenil he entrado a tomar un caldito en la barra, no se si aún lo harán. Era baratito. Cada uno debe comes de lo que gana y no del dinero del estado que sale de nuestros impuestos. No estoy bien enterada de la historia pero si que me suena todo esto y actual además.
    Bss

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  10. ¡Qué emocionante crónica de aquellos días cruciales!
    Díficil era -como ahora- conciliar intereses y limpiar una administración política que descansaba en privilegios inadmisibles. La anécdota del ministro nos hace añorar políticos de esa estirpe. ¡Soy pobre y no me puede permitir tales dispendios! Es la proclama de un hombre honrado.

    Saludos

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  11. Buena la anécdota del tiempo suplementario, espero que las comidas no se las hiciesen servir del Lhardy.
    Un abrazo.

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  12. Y en medio de la barahunda el generalito Serrano, siempre ansiando el poder con la monarquía de la de "los Tristes Destinos" en el trono, durante la revolución del 68, en la elección de Amadeo de Saboya, en la república. Con la revolución en marcha se veía venir la llegada de la república en la distancia, por más que Prim quisiera un sistema monárquico por ser el más estable conocido para España. Los revolucionarios republicanos no atendían a razones: o república o nada y. una vez obtenida, el cantonalismo y el caos. Y el pobre Pi i Margall, un catalán olvidado en su presidencia, capeando el temporal e intentando mantener el orden de manera infructuosa. Como llegó se fue sin mucha pena ni gloria.
    Un saludo

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  13. Ojalá llegara alguien al poder ahora y dijese: "A partir de ahora la costumbre de comer a costa del Estado se ha terminado."
    Cuánto mejor nos iría.

    Un placer leeros.
    Saludos Dlt.

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  14. Ya podían salir políticos como Pi y Margall. Me resulta refrescante ver la integridad de este político y por lo que dices tenía carácter. La pena es lo poco que duró este intento de República.
    Un abrazo.

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  15. Ay, Pobre Pi... de verdad que creyó que se iba a acabar el cuento de comer a a costa del estado? Mira como andamos todavía...

    Un abrazo, dlt

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  16. Hola Marques:

    Muy amena la forma que ha contado este ajetreado momento histórico. No todos están (ni estarán) de acuerdo con el sistema implementado. Los dos votos, pueden tirar, pero hubiese sido muy difícil.
    Hoy se vuelve hablar de federalismo...Quizás es el momento justo...

    Saludos

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  17. Menudo siglo mas convulso todo el tiempo de un lado a otro de un lado a otro, no sé cuantas constituciones o intentos, cuantos regimenes distintos... Uf¡¡ menudo lio.
    Saludos

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  18. Los republicanos eran pocos, divididos y cada uno con su idea de lo que tenía que ser la república. Qué desastre.

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  19. Por favor, esa circular del 5 de mayo de 1873 enviada por Pi i Margall. Una copia urgente para enviar a los Presidentes de todas las autonomías, ya.

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  20. Gracias por cuánto nos compartes. No estoy muy enterada de todo este embrollo político.
    Bien,sí, nos expropiaron una parte del terreno y por eso hacen el nuevo monasterio y claro, será más moderno, pero las monjas son muy ancianas, no sé cuánto lo van a poder disfrutar.
    Un abrazo
    Sor.Cecilia

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